Domingo, 25 de enero de 2015

Uno de los espectáculos naturales más hermosos que regala el destino turístico es la majestuosa presencia de las ballenas

Platicando de las bellezas que cada año vienen a nuestras aguas  tropicales (acompañadas de los críos, producto de los amores de la “vacación” pasada) les diré que es relativamente fácil acercarse a ellas, si las dejamos que sean ellas las que vengan a nosotros y no al revés. Son tímidas, pacíficas, sociables y… les gusta ser acariciadas, porque su piel es muy sensible; pero... ¡cuidado con que sientan alguna inseguridad asustosa! Nunca se sabe como reaccionarán, porque son muy preocuponas con sus chiquitos.
¡Claro que hablo de ballenas! y acepto que también ellas son muy bellas y también tienen la piel sensible; son de sangre caliente y tienen que salir a respirar de vez en cuando como cualquier mamífero. ¡Que belleza de animales…! La tristeza es que solamente vienen a vernos cada año, haciendo un admirable viaje de 15 mil kilómetros (de ida y vuelta) para visitarnos. ¡Wooow…! ¡Disfrutémoslas!

Hay algunos ejemplares que nos permiten verlas un poco más de cerca y… ¡algunas veces hasta  tocarlas! Como por ejemplo:
La Ballena Gris; que mide unos 15 metros y pesa unas 30 toneladas. El color de su piel, las verrugas en su cabeza y las aletas pectorales no muy grandes, son sus características. Algunos le llaman “la ballena del diablo” por a la fiereza con que se defiende cuando es atacada.

La Ballena Jorobada; llamada así por el lomo arqueado que deja ver cuando se sumerge. Mide y pesa casi lo mismo que la gris; pero sus aletas pectorales son enormes y su cuerpo está manchado por familias de animalitos que se alimentan de su piel. Es la payasa de los mares: siempre está jugando y atisbando en la superficie, entonando cantos guturales y saltando en curiosas marometas que terminan en un grandioso splash de espuma y de contento.

La Ballena Azul es la reina de los mares. Es el más grande ser viviente que ha habitado el planeta. Más grande aún que los dinosaurios del Mesozoico. Pesa lo que 25 elefantes juntos (unas 120 toneladas). Su enorme lengua pesa lo mismo que un solo elefante, y sus cachorros llegan a pesar siete toneladas al momento de nacer. Cuatro autobuses alineados nos darían idea de su longitud. Y a pesar de todo esto, cuando se desliza esta entre las olas luce ligera y graciosa cual bailarina de ballet.
Debemos aclarar que las ballenas no son peces. No tienen agallas ni respiran bajo el agua.  Son mamíferos con pulmones y sangre caliente como nosotros y deben salir a la superficie para respirar. Como no pueden beber el agua del mar, la obtienen extrayéndola del producto de su pesca.

 Se aparean con penetraciones corporales muy dificultosas e instantáneas que redundan -tras doce meses de gestación- en un hermoso cachalote que nace  ¡con la cola por delante! para poder salir de inmediato a respirar el aire de la superficie, y volver por la leche que brota de su madre en redondas burbujas lechosas al menor trompazo del bebé.

Estas ballenas “misticetus”, como no tienen dientes para capturar sus presas, despliegan los enormes fuelles que guardan bajo su mandíbula -como los pelícanos- para luego, entre sus barbas expulsar los desperdicios para solamente conservar los peces, moluscos y camaroncitos que pudieron atrapar.

Estas ballenas “cetaceos” (del griego “ketos”, animal marino) debido a las formas de su buche, son llamadas “rorcuales” (del noruego rörhual, arruga). Sus barbas -que son de keratina como las uñas de los humanos- anteriormente eran utilizadas cómo varillas para los corsets de las señoras, calzadores de zapatos, o varillas de paraguas.

Pero . . .¿Por que éstas enormes bellezas recorren casi 7 mil kilómetros cada año para visitarnos? no lo sabemos. El caso es que ahora están aquí con nosotros en las costas jaliscienses huyendo de los inviernos nórdicos. En nuestras cálidas aguas tendrán a sus bebés. Quizás tendrán un nuevo romance pasajero; y regresarán al norte para recuperarse de su aventura con los fondos ricos en nutrientes del Mar de Behring y el de Chuckchi (ya en el casquete polar) para regresar de nuevo a nuestras aguas en su misterioso y sorprendente viaje anual.

Gocemos de estas bellezas veraniegas porque… “cosas así de pequeñas” a veces se nos pierden en los avatares de nuestra deslumbrante y engañosa vida diaria.


Tags: Ballenas, Tour, Playa, Mexico

Publicado por yelapa @ 13:29
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