Iban a ser unas vacaciones de ensueño, un crucero de lujo por la rivera mexicana con escalas en Puerto Vallarta, Mazatlán y Cabo San Lucas, hasta que un incendio en uno de los motores destruyó el sistema de operaciones del barco y lo dejó a la deriva en alta mar, sin servicios de ningún tipo.
Eran las 6 de la madrugada cuando saltaron las alarmas en el 'Carnival Splendor' y los megáfonos conminaron a los pasajeros a evacuar urgentemente sus camarotes. Poco después pudieron regresar a la cama sin que nadie sufriera ningún daño, pero pronto descubrieron que habían despertado a la pesadilla.
Todos los medios estadounidenses destacan con horror que los 3.300 pasajeros y 1.200 miembros de la tripulación viven desde el lunes sin aire acondicionado, lo que, teniendo en cuenta las temperaturas entre 7 y 20 grados que se registran en el puerto más cercano, Ensenada, no parece tan problemático, al menos para quienes tengan ventanas.
Otra cosa son los retretes atascados y las duchas áridas, las primeras prioridades del equipo de a bordo, que el martes ya había logrado restablecer el agua corriente. A esas horas se había estropeado casi toda la comida que viajaba en las cámaras frigoríficas y el portaviones 'USS Ronald Reagan', que se encontraba por la zona, tuvo que salir al rescate con 23.000 kilos de agua y alimentos.
Fue una operación con helicópteros Black Knights, como en las películas de acción, a la que solo el faltaba una banda sonora de Hollywood con tono patriota.Horror, ¿jamón de lata en un crucero?, comentaron espantadas las televisiones. Pronto se tranquilizaron al saber que también les habían llevado cangrejo en lata y perritos calientes, entre otras delicatessen a la americana. Los guardacostas estadounidenses subieron a bordo para transmitir calma, tres pasajeros habían tenido que ser atendidos ya con ataques de pánico, y dos remolcadores mexicanos empezaron a tirar penosamente del barco de 113.000 toneladas, el doble que el 'Titanic'.
Tras dos días inmovilizados en el Pacífico, la velocidad de 6.5 kilómetros por hora le debió parecer a Carnival, la empresa propietaria, todo un milagro, y en vez de poner rumbo al puerto mexicano de Ensenada decidió seguir hasta San Diego, donde esperaban llegar esta noche.
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